Colaboración: análisis de "What we do in the shadows", por A. Consigliere
La película perteneciente al subgénero cómico del falso documental relata, con la ayuda de camarógrafos “protegidos con crucifijos”, la “vida” cotidiana de un grupo de vampiros que comparte una casa en Wellington, capital de Nueva Zelanda. En esta entrada* busco reflexionar en torno a ciertos elementos narrativos desde una perspectiva antropológica, enfocándome particularmente en las distintas clasificaciones y formas de ordenar lo sensible que los vampiros ejercitan sobre sí mismos y el mundo, y a su vez, aunque en menor medida, las que el mundo tiene de los vampiros.
La historia comienza apropiadamente de noche, justo en el momento en el que el equipo de filmación registra la salida de Viago de su ataúd tras ser despertado por el sonido de su despertador. Esta escena, al igual que muchas de las que le siguen, establece una relación intertextual con otros relatos de vampiros, al incluir el topo folklórico del ataúd como cama, a la vez que los parodia al asociarlos a objetos o prácticas de la vida cotidiana, como es el caso del reloj despertador.
Tal manera de producir risa en quienes ven la película, desde cierto asombro frente a una situación inesperada según las convenciones del cine de terror o vampírico, podría entenderse desde un punto de vista levistraussiano como una repetición y recombinación de mitemas intencionalmente invertida y con asociaciones novedosas (o que por lo menos parecieran serlo de buenas a primeras) y que poco tendrían que ver con la estructura del corpus mitológico al que pertenecen. Efectivamente, si quisiéramos llevar a cabo un ejercicio de análisis de la estructura de los mitos, muy rudimentario y acotado para no excedernos del objetivo de esta entrada, observaríamos quizás una relación entre esta película, aquellas producidas por Hammer Studios en el siglo pasado, “Drácula” de Bram Stocker, historias sobre criaturas que se alimentan de sangre humana, o incluso el mito griego de Andrómeda y Perseo.
Si nos centramos, por ejemplo, en el acto de beber sangre, sumamente referenciado y representado en la obra, la relación entre todos los mitos mencionados resulta un poco más transparente: el monstruo prolonga su existencia gracias a consumir personas, o más específicamente el plasma necesario para nuestra vida. Y si, además, tenemos en cuenta la predilección del grupo protagonista por la sangre de vírgenes, el beber la sangre en favor de la subsistencia, o apaciguamiento en algunos casos, de un monstruo puede relacionarse con mitos que incluyen doncellas siendo sacrificadas, como el ya mencionado mito de Andrómeda o la leyenda de san Jorge y el dragón.
Cuando un humano es convertido, pasa por otro estado liminal en el que además de sufrir cambios fisiológicos debe aprender en un período de meses cuál es la cosmovisión vampírica del mundo para poder así adoptar y adaptarse al nuevo cotidiano que sus circunstancias le exigen. Sin embargo, al haber sido un humano contemporáneo, su agregación al grupo se ve de igual medida impedida y beneficiada por mantener sus relaciones sociales de origen, y por una percepción social del espacio propia del siglo XXI. Los cambios que introduce en el grupo, considerados negativos o positivos dependiendo del caso, lo separan a su vez como un ser anómalo en lo que respecta a su lugar en el orden social de la casa vampiro. Algunos ejemplos de esto son su negativa a beber la sangre de un amigo y la situación desafortunada en la que guía accidentalmente a un cazador de vampiros a la casa.
El vampirismo los constriñe a través de rituales y prácticas específicas, como necesitar una invitación para entrar a espacios sociales de los mortales, y conduce también sus interacciones con otros grupos sobrenaturales como brujas, monstruos, y especialmente, hombres lobo.
Por otro lado, también podríamos entender la sangre como un símbolo parte de un sistema natural de simbolización. Sería, en dicho sistema, un vehículo de vida, pero también un factor de vulnerabilidad, razón por la cual el grupo de vampiros sostiene cuando es posible ciertos criterios o estándares de calidad con respecto a sus posibles víctimas, como por ejemplo su ya mencionada preferencia por la sangre de vírgenes. Este deseo de control sobre lo que entra en contacto con sus organismos se extiende también a los peligros del mundo exterior, como exponerse a la luz del sol; al mismo tiempo que convive con el aprovechamiento de una sustancia extraída del cuerpo humano. Justamente, la condición de no-humanos y no-muertos de estos personajes afecta sus relaciones sociales y, por tanto, las clasificaciones a partir de las cuales conceptualizan su mundo, por lo cual la mayoría de los seres humanos son considerados fuentes de alimento. En otras palabras, aprovechar la sangre humana no necesaria formaría parte de un sistema simbólico diferente del que tienen grupos humanos con dietas omnívoras.
La meticulosidad intencional de Viago a la hora de extraer sangre de una persona nos invita a reflexionar más sobre el tema. ¿Por qué le importa tanto ser prolijo y evitar las manchas? ¿Cuál es el porqué detrás de tal búsqueda de pureza? Puede ser parte de su personalidad, pero también puede reflejar ciertas contradicciones en las clasificaciones con las que este vampiro en particular ordena su mundo. Quizás ve a los humanos de una manera ambigua que va más allá de la categoría de alimento. O también es posible que todavía se vea guiado en su vida cotidiana por modelos culturales que condenan el asesinato de humanos.
En cualquier caso, la existencia liminal y cuasi eterna de este grupo de vampiros también tiene efectos en la manera en la que conciben el espacio y el tiempo, la moda y la tecnología. Además, de dormir de día y no de noche, muchos conflictos en los cuales toman parte o que los afectan se relacionan con una percepción específica del tiempo ligada a su “longevidad”: cuentan su existencia en siglos, por lo que no lavar los platos por cinco años es equivalente a una disputa relativamente menor entre los compañeros antes que significar un riesgo sanitario o un impedimento en llevar adelante sus tareas domésticas cotidianas. Lo mismo podemos inferir de su fascinación por la internet y las cámaras digitales, o por sus elecciones de vestuario, con estilos demasiado arcaicos para sus contemporáneos pero confeccionadas con materiales de uso moderno. Los usos de tecnología y vestimenta, antes de la llegada de Nick, marcan a los vampiros como seres anómalos, difíciles de clasificar para quienes no conocen su verdadera naturaleza y al margen de las actividades sociales de la mayoría no vampírica.
Además, ligado a esta condición, podemos entrever esbozos de un sistema cultural propio que guía su conducta y que legitima determinadas estructuras sociales, permitiendo instancias en las que los mayores enjuician y castigan a vampiros que cometen faltas graves, incluyendo rituales de expulsión.
Este sistema cultural puede parcialmente reconstruirse, en algunas instancias, gracias a la contraposición con las actitudes de los humanos mortales. Las escenas en las que, para ocultar la realidad a la policía, hipnotizan a un par de agentes, enfatizan como esta acción mágica permite que las víctimas interpreten la realidad según sus propios modelos culturales y categorías. Lo mismo ocurre con el truco de los gusanos que hacen para horrorizar a sus víctimas.
En definitiva, estamos frente a una película nos invita a reírnos, pero también a preguntarnos sobre los monstruos como algo más que una representación de todo aquello que queda relegado en los márgenes de la sociedad. Estas personas raras, anómalas, que socializan distinto, se visten fuera de moda, no saben de tecnología, tienen su propia cotidianeidad e indiosincrasias, transitando un mundo social complejo tan real como la peligrosidad de estos Otros que deben adaptarse a un mundo que no los contempla por fuera de los límites de sus propias comunidades. También nos habla del paso del tiempo y de las dificultades para generar vínculos sociales en sociedades cada vez más individualizadas y mediadas por las tecnologías de la información.
¿Qué es lo que hacemos en las sombras? Vivir o no-vivir.
* Esta entrada es una reesructuración y reformulación de material de análisis elaborado por Antonela Consigliere Bertoni específicamente para el Ciclo de Cine y Antropología de la Cátedra de Antropología Sistemática III (Sistemas simbólicos)/Problemas de la Antropología Simbólica (Facultad de Filosfía y Letras de la UBA) en ooctubre de 2023.



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